marcas

Es algo que me pasa a menudo. Como cuando me despierto, y siempre tengo tatuadas las arrugas de las sábanas. Mi abuela dice que es porque no sé hacer la cama. Yo le digo que ni la cama mejor hecha podría resistir ni media noche todo lo que yo me muevo durmiendo. Y pueden pasar horas hasta que desaparecen. También se me marcan en los muslos los asientos de mimbre, las mecedoras y las sillas de hierro de mi pueblo, con ese calado diminuto que hasta duele al levantarse. El canto de una silla cada vez que me siento con una pierna bajo la otra. Las arrugas del codo en las piernas cuando me aburro en el cuarto de baño. El filo del ordenador sobre las piernas cruzadas cuando me desvelo en la cama. A veces creo que tengo la piel viscoelástica.

Una piel que se marca, se acomoda, y se amolda. 

Pero es una piel con memoria, una piel que tarda en olvidar.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *