El equilibrio de las pequeñas cosas

Diez minutos después de que un plato resbalase de mis torpes manos y mis reflejos lo salvasen con el pie, al más puro estilo Santiago Cañizares, mi vaso preferido estalló por arte de magia en la cocina, que a esas horas de la noche ya estaba vacía. Sin motivo aparente, que dirían algunos. Pero yo estoy convencida de que el plan maestro del Universo para equilibrar las cosas a veces funciona, aunque muchas otras falle. Y me imagino al Universo dando saltitos de alegría por su insignificante triunfo; y ya no me da tanta rabia que se haya roto mi vaso favorito.

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